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Superior general de los Javerianos

Ecclesia Digital

El 18 de diciembre, fallecía en el hospital Santo Spirito de Roma, el Superior General de los Misioneros Javerianos, el padre Luigi Menegazzo. Tenía 64 años y había nacido en la ciudad italiana de Citadella, Padua.

Entró en el Instituto de los Misioneros Javerianos en Vicenza el 26 de septiembre de 1963. Emitió su primera profesión religiosa en San Pedro in Vincoli el 8 de septiembre de 1969 y fue ordenado sacerdote en Parma el 25 de septiembre de 1977.

El padre Luigi obtuvo la licencia en Misionología en la Universidad Gregoriana el 30 de junio de 1989. Fue enviado a Japón en donde fue vicepárroco y posteriormente párroco de la Parroquia de Nichinan. En 1989 fue llamado a Italia para enseñar en el Estudiantado Teológico-filosófico de Parma hasta que en 1994 volvió a Japón hasta el año 2001 como párroco en Tamana. Fue Vice Regional y después Regional de 1998 al 2001. En el capítulo general del año 2001 fue elegido Vicario General, Prefecto de las Personas y Procurador General ante a la Santa Sede. El 4 de julio del año 2013 fue elegido Superior General.

El misionero javeriano y compañero del padre Luigi, Rolando Ruiz escribe: “Es una separación tan repentina como cuando se recibe un inesperado cubo de agua, quizás lo esperaba desde el momento que nos escribió él mismo hablando sobre el diagnóstico que le habían dado los médicos. Ese mismo día, 28 de octubre le escribí diciéndole, entre otras cosas, que lo confiaba a San Guido María Conforti y él me respondía el mismo día: ‘…tu mensaje me ha hecho más bien que las medicinas, la fraternidad y la oración recíprocas son un verdadero y gran don que sostienen nuestra vida…’. En ese mismo mensaje, agregó unas palabras acerca de algún comentario que le hacía sobre la misión y en el que no eludía nuestra realidad de falta de personal misionero en nuestra Congregación: ‘…es bueno reflexionar sobre las varias y nuevas posibilidades que nos ofrece la misión…’. El 16 de julio, con ocasión de su cumpleaños respondía entre otras cosas a mis felicitaciones diciéndome ‘…Debemos siempre considerar las ocasiones que están puestas bajo nuestros ojos…’. Querido Luigi, te agradezco tu fraternidad, persona y don a la misión. El don que tú has sido, de parte del Señor, para los que te hemos conocido es de agradecerlo al Señor. Desde la contemplación de su rostro y ansia de que todos le conozcan, que tu vida sea siempre un recuerdo generoso de que el don de nuestras vidas al Señor, para la misión, vale la pena y es fuente de alegría en cualquier momento en el que nos encontremos.

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