miércoles, 23 de julio de 2014

Antonio, Maira y 6 hijos, misioneros españoles en Macao: «Alguno se burla si defendemos la familia»

Un matrimonio valenciano con seis hijos, que lleva ocho años como misioneros en la ciudad china de Macao, ha creado su propia empresa de animación con la que ofrecen obras de teatro e imparten clases de educación teatral en los que aprenden a practicar valores como el respeto y el perdón.

“En las clases pretendemos ayudar a los alumnos en la desinhibición y expresión de sí mismos, abriéndoles las puertas de la imaginación y la creatividad ya que la educación teatral ayuda a que los niños tengan una infancia mejor y les ayuda en su formación hacia personas adultas”, indica el matrimonio compuesto por Antonio Martínez y Maira Belati, en el último número del periódico de la diócesis de Valencia, PARAULA.


En las clases a través del juego, del trabajo en equipo, de la resolución de problemas prácticos en el grupo de teatro “los alumnos van adquiriendo seguridad y confianza en sí mismos, lo que les ayuda a tener una inserción en la sociedad menos traumática al tiempo que aprenden a enfrentarse al miedo de ponerse en evidencia delante de los demás, y a expresarse”, añaden.


Según el matrimonio que tiene seis hijos, “crear la empresa y registrarla fue fácil porque los impuestos de autónomos son muy bajos”. Sin embargo, el permiso para trabajar en ella y que hay que renovar cada dos años “es mucho más complicado de conseguir”.


La empresa creada por el matrimonio valenciano, llamada MAS (Maranathá Ars Society), imparte sus clases en diferentes escuelas de Macao, y en algunos colegios desde los 3 años de edad a los 18.


Sus obras de teatro son contratadas también por el departamento de Cultura de Macao y han sido representadas en grandes teatros de la zona.


Antonio Martínez y Maira Belati aseguran que Macao es una región administrativa especial y, aun perteneciendo a China, la Iglesia es libre y está adherida al Vaticano.


Además, han añadido que “en ese aspecto no sufrimos persecución pero, como toda familia numerosa en la sociedad actual y también aquí cuando salimos a la calle, ciertas personas se burlan de nosotros por la defensa que hacemos de la familia auténtica y por el valor de la fidelidad”.


Por otro lado, han afirmado que “en tiempos difíciles una manera de transmitir felicidad y esperanza es estar apoyados en el Señor ya que Él nos ayuda a toda la familia a estar más unida, a ver que todo tiene sentido para nuestras vidas, incluso el sufrimiento”.



«¡Sé un José para ella!»: un testimonio de regulación natural de la fertilidad y espiritualidad

(en España se suele llamar más bien "regulación natural de la fertilidad"), recordando esta metodología para


Este año, a través de las redes sociales, se ha difundido el testimonio de Tom y Misty Mealy, de la diócesis de Richmond. Tienen 4 hijos, y ella es la promotora de la regulación natural de la fertilidad en la diócesis. Tom explica que el marido católico que renuncia a los anticonceptivos (como es obligación de todo católico) se expone a bromas o críticas, pero que el modelo de marido cristiano por excelencia, San José, debería servir de ejemplo ante ese tipo de tentación. Este es su testimonio.


«¡Sé un José para ella!», por Tom Mealey

Cuando recién nos casamos, mi esposa Misty y yo éramos la típica pareja no religiosa. Confiábamos en la anticoncepción hormonal. Pero por sus malos efectos secundarios, eso no duró mucho.

Misty se enteró de la Planificación Familiar Natural (PFN) por medio de una amiga católica. Reconozco que desconfié de todo ese “abracadabra” con termómetros en las oscuras horas del amanecer y observaciones que se anotaban con símbolos enigmáticos en la gráfica de la PFN. Todo eso cambiaría de forma sorprendente una vez que nos acostumbramos al estilo de vida de la PFN.


Antes de tener hijos, Misty había sido atea y yo un agnóstico. Con nuestro primer hijo, el milagro de la vida nos produjo un despertar espiritual.


Nos dimos cuenta de que el Espíritu Santo ya nos había guiado a una vida católica. Sin embargo, incluso después de nuestra conversión, la PFN enriqueció la relación entre nosotros y con Dios de maneras que nunca habíamos esperado.


Estudiamos la “teología del cuerpo” en la catequesis de Juan Pablo II y nos entusiasmamos por vivir nuestra fe y compartirla. Fue emocionante aprender las razones poderosas en las que se basan las hermosas enseñanzas de la Iglesia sobre el sexo y el matrimonio.


Para mi gran sorpresa, también aprendí que mi esposa agradecía enormemente mi deseo de entender cómo funcionaba su cuerpo. Compartí la responsabilidad de planificar nuestra familia y también encontré formas diferentes para expresarle mi afecto e intimidad cuando teníamos buenos motivos para postergar un embarazo. Esto fortaleció nuestro matrimonio y me hizo un mejor marido y padre.


Cuando nos hicimos católicos, supe que quería ser el guía espiritual de nuestra familia, pero no comprendía qué implicaba eso además de llevar a nuestros hijos a misa los domingos.


Por medio de la PFN y la Sagrada Escritura, descubrí que tenía la posibilidad de elegir qué tipo de hombre quería ser.


Con frecuencia culpamos a Eva por comer la fruta prohibida. Pero en el Génesis aprendemos que después de comer un bocado, ella le ofreció el fruto a Adán que estaba con ella. Adán no la frenó y le dijo: “Esto es una mala idea, vayámonos de aquí”. Adán no protegió a su esposa, sino que se quedó quieto y callado mientras la serpiente la convenció de que renunciara al estado de santidad y quebrantara su relación con Dios.


Pero también existió San José. Cuando José obedeció al ángel que le dijo que llevara a María a su casa, aceptó la deshonra pública y la vergüenza de una prometida embarazada. José sacrificó su honor personal y su buena fama para obedecer a Dios y proteger a María y a Jesús.


Un marido tiene una opción clara: puedes ser un Adán para su esposa o puedes ser un José.


El hombre puede quedarse quieto y callado y permitir que su esposa sufra las consecuencias físicas y espirituales de la anticoncepción. O puede defender la virtud, el cuerpo y el alma de ella usando la PFN.


Hoy en día, se acepta la anticoncepción y es lo que se espera. Cualquier hombre que se prive de ella y prefiera la PFN corre el riesgo de caer en el ridículo y ser criticado. Pero como nos enseñó San José, hay cosas más importantes que la opinión de los demás. ¡Ojalá que los maridos elijamos ser un José para nuestras esposas!



sábado, 19 de julio de 2014

Desde el infierno (I): Elegidos

Gabriel está sentado en la terraza semicircular desde donde se divisan los ríos de purificación de todo el purgatorio. Sus alas se esconden detrás de sus enormes espaldas como inertes e inactivas dando un aspecto algo más humano a su porte celestial y angélico. Su mirada meditabunda se pierde en el horizonte, más allá del cielo, más allá del purgatorio... más allá del abismo.

Los ríos avanzan por los territorios celestiales llenos de pasajeros que sufren por no estar disfrutando de la visión de Dios como hacen ya los santos y las almas ligeras de equipaje. Los recién llegados a la recepción celestial después de haber pasado su proceso de purificación en los ríos de Gracia del purgatorio son recibidos por sus seres queridos y sus santos preferidos, quienes los cubren de besos y de fiestas y los preparan para su audiencia con María.

Pero allá, en el principio de los ríos, dónde navegan almas todavía demasiado lejos de su destino en espera de oraciones que los adelanten y los purifiquen, allá en lo más profundo de las cataratas donde las almas todavía no tienen fuerzas para remontar hacia el cielo superior, se encuentran los elegidos para la misión. Gabriel se levanta desperezando sus gigantescas alas que provocan un viento celestial a su alrededor. Su lejana mirada se acerca y se fija en el fondo del acantilado, allí dónde comienzan los ríos de Gracia, allí dónde debe bajar a buscar a los elegidos para comunicarles su delicada misión. Un pie da un paso hacia el vacío y luego el otro. Gabriel cae como un rayo hacia el fondo, dejando sus alas y su plateada melena volar hacia arriba mientras su cuerpo celestial baja vertiginosamente. Cuando cae con estruendo sobre las secas estepas inferiores del purgatorio, provoca unas grandes olas sobre los ríos y las almas saben que ocurre algo inesperado. Gabriel comienza a pasear por la orilla y con su brazo potente va recogiendo a los soldados elegidos. Uno tras otro son sacados como si no tuvieran peso propio, con cuidado, con delicadeza. Son almas salvadas, son almas queridas por Dios.

Ellas comienzan a abrir los ojos aclimatándose a su nueva situación y observan como van surgiendo del agua más almas como ellas arrastradas por el poderoso brazo del ángel. Una, dos, tres, hasta siete. Cuando Gabriel deposita la séptima alma sobre el suelo comienza a hablar sin mover los labios como es propio de la comunicación celestial.

—Bievenidos, habéis sido seleccionados para una misión. El Padre os ha escogido.

Las almas se miran unas a otras sin comprender. ¿Misión?

—Vuestra estancia en el purgatorio se puede acortar si lleváis a cabo este delicado encargo. Venid conmigo.

El grupo sigue obediente al poderoso ángel Gabriel que los dirige inexorablemente hacia las altas puertas del purgatorio, donde se inician los ríos de purificación. Detrás de aquellas puertas está... la nada.

—Vosotras sois almas salvadas en el último momento. Habéis llevado una vida digamos, compleja, alejados de Dios, pero de una forma o de otra, habéis conseguido el perdón divino antes de vuestra muerte temporal y habéis podido entrar en su gloria. Detrás de estas puertas están las almas que no tuvieron ese último momento de conversión o arrepentimiento. Detrás de estas puertas están las almas condenadas, las que no quisieron acoger el Reino, —Gabriel se detiene en su discurso y posando su mano derecha sobre las puertas anuncia solemnemente— a partir de aquí comienza vuestra misión.

Las siete almas elegidas se retuercen de estupor y sorpresa. El anuncio no puede ser más desestabilizador. Una de ellas se aventura a preguntar:

—¿Pero cómo puede ser? Los salvados no podemos pasar al otro lado, un abismo infranqueable nos separa.

—Y si el juicio sobre nosotras está hecho y hemos sido salvadas, ¿qué se nos ha perdido allí? —se aventura a interpelar otra.

—El Padre lo tiene todo previsto y permitirá vuestro acceso al otro lado. En cuanto a vuestro objetivo... —las alas de Gabriel se despliegan con señorío y grandiosidad dando mayor énfasis a lo que dice— hay almas destinadas al cielo cuyo juicio se ha desarrollado favorablemente pero ellas.... no lo saben. Están confundidas y desorientadas y los demonios se han aprovechado de su situación para arrastrarlas al fondo y esclavizarlas. —Después de un corto silencio Gabriel anuncia definitivamente— vuestra misión consistirá en encontrarlas y traerlas de vuelta.

La conmoción entre el grupo es generalizado. Misión suicida, misión imposible.

—¡Esto no tiene ni pies ni cabeza!—exclama una fuera de sí.

—Acaso ¿dudas de Dios y de su infinita sabiduría?—ataja Gabriel con autoridad.

—No, claro que no, —contesta abrumada la asustada alma— he visto la Gloria de Dios y participo ya, en alguna medida, de su beatifica visión e infinita sabiduría, pero hay tantos cabos sueltos... ¿Porqué nosotros? ¿No hubiera sido más conveniente encargar esta locura a los grandes santos, a las almas mejor equipadas y puras del cielo superior?

—Precisamente por su grandiosa luz y pureza, ellas no podrían hacer este viaje. Se necesitan almas que no irradien casi luz para pasar inadvertidas entre los demonios. Es más, se os rebajarán en gran medida las potencias alcanzadas hasta ahora. Vuestra memoria del cielo y de la visión de Dios se reducirá al mínimo para que los demonios no os reconozcan. Así como vuestra voluntad que estará sujeta a las debilidades de vuestra anterior vida temporal. Así vuestro interior no comunicará excesiva luz en el reino de la oscuridad. Pero debéis ser rápidos y certeros. Cuanto más tiempo paséis allí y resistáis las asechanzas demoníacas más creceréis en fuerza y sabiduría y con mayor luz os mostraréis y llamaréis la atención de los demonios que os perseguirán con implacable interés.

—¡Me encanta! Nos mandan a una misión suicida en el corazón del infierno, con nuestras virtudes reducidas al mínimo y el objetivo incierto. ¿Sabemos al menos quienes y cuantos son los que debemos rescatar?

—No. Cuando llegue el momento, lo sabréis.

Las almas se inquietan sobre manera ante las puertas cerradas del purgatorio. Cuando se abran y las traspasen iniciarán un camino incierto de perspectivas poco halagüeñas.

—¿Contaremos con algún tipo de ayuda?

—No. Estaréis solos. Solo contareis con vuestra fortaleza interior, vuestras oraciones, vuestra caridad... vuestra esperanza en Dios.

—¿Cuál es el peligro mayor al que nos enfrentamos?

—Que os descubran. Si lo hacen, huid. No intentéis luchar contra ellos. Os encontraréis en su mundo en absoluta desventaja. Ellos os querrán esclavizar para toda la eternidad y lo tendrán todo a su favor.

—Pero si somos almas celestes, ¿cómo puede suceder algo así?

Gabriel se pasea entre las almas y se detiene contemplando los ríos de Gracia que corren atestados de almas purificándose y desembocan en el cielo superior lleno de luz y paz.

—Os puede pasar como a las almas a las que vais a rescatar... que olvidaron el camino de retorno.



"¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!" (‭Is ‭49‬, 15‬)




Continuará...



El Creador y yo


Al final, al final de todo... nos damos cuenta de que lo único que cuenta es Dios Creador y uno mismo.


Al final, al final de todo... descubrimos que estamos a solas con el Solo, y que eso es lo único que vale y que sustenta la existencia.


Lo demás, en tanto en cuanto; lo demás, en Dios, por Dios, desde Dios, pero sin endiosar absolutamente nada (ni a nadie, claro): Dios, Dios, Dios.



Es una percepción nueva y liberadora: a solas con su Señor, así anda el cristiano que de verdad camina. Y quien no lo descubre, vive fuera de sí mismo, endiosando e idolatrando a cualquiera y cualquier cosa.


La experiencia personal de Newman fue así:



"Cuando tenía 15 años (en otoño de 1816) se produjo un gran cambio en mis pensamientos. Caí bajo la influencia de una creencia definida y en mi intelecto se imprimió lo que era el dogma, y eso, gracias a Dios, nunca se ha borrado ni oscurecido.




...Creí que la conversión interior de la que era consciente (y aún ahora, estoy más seguro de ello que de tener pies y manos) seguiría en mi vida futura y había sido elegido para la gloria eterna... Esta creencia influyó... en que concentrara todo mi pensamiento en los dos seres -y sólo en los dos seres- cuya evidencia era absoluta y luminosa: yo mismo y mi Creador" (Apol. 3, 107.108).



Realmente, Dios es más que un "objeto" para el estudio, la reflexión o el discurso; es el "sujeto" de un encuentro, en lo más íntimo, que lo va a transformar todo.


Es un proceso, diríamos, en dos momentos: el primer instante es descubrirse a sí mismo como sujeto que busca y tiene una guía, la conciencia, para llegar a la Verdad; es ser conscientes, esto es, descubrir la propia conciencia.


El segundo momento del proceso, después del descubrimiento de la propia conciencia, es el descubrimiento de una Presencia misteriosa en lo más hondo de la conciencia de sí mismo.


Este proceso incluye algunos elementos (en la experiencia de Newman):



comprendemos "poco a poco que no existen más que dos seres en todo el universo, nuestra alma y el Diso que la ha hecho" (PPS I 2,20)




"Solus cum solo: sólo Dios crea; sólo Él ha redimido; morimos ante su temible mirada; nuestra bienaventuranza eterna está en su conemplación" (Apol. 8, 288)




"si no puedo encontrar la alegría al pensar en Él, no tendré a nadie más en quien encontrar alegría. En lo que a mí respecta, no me quedarán más que dos seres en el mundo: Dios mi alma" (MCD III 1, 327).



Aquí entra de lleno el don de la fe y sus consecuencias vitales:



"¿Qué se entiende por fe? Es percibir con toda sinceridad que somos criaturas de Dios... Tener fe en Dios es someterse uno mismo a Dios, entregarle humildemente nuestros intereses... a Él, que es el dador soberano de todo bien" (PPS III 6, 79-80).



La fe descubre -¡reconoce!- la Verdad, por eso el cristianismo es dogma. Se alcanza la Verdad, se vive en ella. Reducir el cristianismo a moral-ética o a mero sentimiento (explosiones religiosas, sentimentalismo) es acallar la conciencia y la Presencia de Dios y pervertir o desfigurar el cristianismo.



El obispo de Chiang Mai fue a recoger arroz con sus feligreses campesinos y explica lo que aprendió

"Trato de entender a los agricultores y de promover al mismo tiempo las enseñanzas de la Iglesia en el campo social, para que también los campesinos puedan contribuir y llegar a un pleno desarrollo humano, al bien común de las familias y de la entera nación".

Así cuenta su experiencia directa en los campos tailandeses, monseñor Francis Xavier Vira Arpondratan, obispo de Chiang Mai, a Catholic News Agency (Cna), junto a los trabajadores de la tierra.


El prelado de la diócesis septentrional de Tailandia, zona prevalentemente agrícola y habitada por tribus montañesas, quiso ponerse en primera persona, junto a su "grey" para confirmar la importancia que tiene la agricultura en esa zona.


La economía de la diócesis se basa en gran parte en la agricultura; además, en las regiones de montaña faltan recursos de base como el agua corriente y la electricidad, además de los medios modernos de comunicación, de las calles a las infraestructuras.


Hablando de su propia experiencia, subraya que en primer momento "quería ayudar" a los campesinos, luego "una monja me dio coraje, preguntándome: "¿por qué no trabaja con nosotros?".


El trabajo en el campo del obispo fue fuente de inspiración, tanto para los agricultores como para los catequistas de la diócesis de Chiang Mai y contribuyó en el desarrollo de un gran sentido de solidaridad y colaboración entre los locales y los grupos étnicos.


"Conocen la situación económica de Europa- cuenta- y que no podemos pedir ayuda a los europeos. Tenemos que hacer entender a nuestra gente- prosigue- que es necesario una ayuda recíproca a nivel local, no el de recibir ayuda del extranjero".


Arpondratana, de 58 años, fue ordenado sacerdote en la arquidiócesis de Bangkok en 1981 y siempre desarrolló su ministerio pastoral en la capital, para luego transferirse al norte en el año 2009, con su consagración como obispo.


"Deseo estar con la gente- explica- para poderla entender mejor" y este discurso vale en particular con las 6 comunidades tribales- Akta, Lahu, Mien, Karen, Hmong y Lisu- que viven en la diócesis. Y justamente las lenguas tribales representan "uno de los primeros desafíos" del episcopado.


Por ahora hay casi mil catecúmenos, que siguen el catecismo en espera del bautismo, "si bien la lengua y la falta de sacerdotes, que sepan hablar el idioma local es para nosotros siempre un problema de fondo".


Los catequistas representan "un puente" para superar dificultades, distancias e incomprensiones debidas a las dificultades de comunicación. Y en este contexto, así como lo era en la capital, "el rol de los laicos se vuelve indispensable". Al final, el prelado puso entre las prioridades los viajes al interior de la diócesis para poder visitar el mayor número de comunidades.


"Siento que debemos aún alcanzar el sentido pleno de nuestra misión- concluye mons. Arpondratana- porque no hemos todavía alcanzado un nivel tal como para poder caminar solos"


En el país el grupo étnico más difundido es el Thai (75%), seguido por el chino (14%) y otros (11%). La lengua oficial es el thai, mientras el inglés es considerado como una lengua de elite.



El budismo theravada es la religión principal, practicada por el 83% de la población
, le sigue una minoría islámica (9%), y los cristianos (0,7%).


Según el Departamento de asuntos religiosos, la comunidad católica cuenta con unos 300.000 fieles, un 0,46%.



miércoles, 16 de julio de 2014

Un buen libro...


Un buen libro es un aliado.


Un buen libro, una buena biblioteca, es fundamental.


Los libros nos elevan, nos muestran horizontes nuevos, permiten aprender.


¡Cuanto más se lee mejor! Sí, cuanto más lee, mejor. Sin embargo, parece que cada vez se lee menos, o se lee un único libro y se cree alguien que ya es un experto por conocer un libro sobre un tema.



Los libros son fundamentales. Diversos temas, diversos autores, diversos enfoques... para que el lector piense por sí mismo, analice, contraste y rece. Sí, rezar. Un buen libro (incluso una novela, un libro de historia o similar) nos eleva a Dios mediante la petición o la acción de gracias.


El nivel de incultura generalizado no fomenta el hábito de la lectura abundante. Repito, abundante: no un libro de vez en cuando, un best-seller "obligatorio", sino la lectura de la mayor variedad posible con espíritu crítico.


¡Qué buen amigo es un libro!



"Decía el Venerable Papa Pío XII que el oficio de un buen libro es educar a una comprensión más profunda de las cosas, a pensar y a reflexionar.


Dios mismo ha querido que el Verbo asumiera nuestra débil naturaleza para hacerse comprensible y cercano a los hombres, y ha dispuesto que la única y eterna Palabra divina se expresase, por inspiración del Espíritu Santo, en palabras humanas que pudieran ser plasmadas en forma de libro para que, a través de las Sagradas Escrituras, pudiese llegar a todos la Buena Noticia de la salvación. Que Él les conceda a todos contribuir eficazmente a conservar y difundir también en lo mejor del espíritu humano a través de los libros, legado perenne para todos los hombres" (Benedicto XVI, Mensaje a la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, Rep. Dominicana, 5-mayo-2011).



Perdamos el miedo a los libros: afrontemos sus retos, crezcamos en crisis de madurez con nuevas ideas, nuevos paisajes. Hagámoslo con apertura de espíritu y sin prejuicios, pensando a la vez que leemos.


Cuando la civilización romana decayó, la cultura se salvó gracias a los libros custodiados y copiados en los monasterios benedictinos. Así se transmitió el patrimonio cultural. Y hoy, en plena crisis y decadencia, se salvará mediante los libros.


¡Adelante!



martes, 15 de julio de 2014

El hombre no se salva solo, tampoco en masa, sino en la comunidad

Confesar la fe no es asunto meramente racional. Ponernos de pie cada domingo en misa y recitar casi mecánicamente el Credo, no nos hace realmente hombres de fe ni mucho menos cristianos. El Credo es sólo el resumen de las verdades reveladas contenidas en el Evangelio y transmitidas por medio de los apóstoles. Pero la adhesión a la fe no se hace únicamente por medio del asentimiento de la razón sino también por la posibilidad existencial de reverenciar con nuestra voluntad lo que Dios nos pide.

La fe de Abrahám, Isaac, Jacob, Moisés, María, entre otros, los llevó ante todo a una respuesta efectiva que les permitió una acción positiva del querer de Dios. Abrahám marchó anciano a la tierra prometida en pos de la promesa, Moisés fue a Egipto temeroso por su pasado a rescatar el pueblo oprimido, María expresó su “hágase” al Ángel del Señor; verbos todos que denotan un “ponerse en marcha”.


La fe es una acción y no la simple pasividad para aceptar lo que se nos dice y la reverencia a dogmas revelados por Dios. “Guarda en la mente y en el corazón”, nos recuerda el libro del Deuteronomio, es decir, en el raciocinio, pero además en la voluntad, que no es otra cosa que las ganas de hacer aquello que se sabe.

El otro peligro que acarrea una fe puramente racional es la confesión masificada de ella. “Hermanos, ¿creen en Dios, Padre Todopoderosos, creador del cielo y de la tierra?- se pregunta a los fieles en algún momento de la celebración sacramental-; “Sí, creemos”- se acostumbra a contestar.


Ese “creemos” que podría expresar el sentir de la Iglesia, puede también camuflar a todos aquellos que sin ser en verdad cristianos católicos se dejan llevar por una respuesta que es solicitada por el rito. No hay una fe que sea de masas, de hecho, Jesús nunca se relacionó con masas sino con personas individuales que hacen parte de una comunidad. Independientemente de que seamos un pueblo, un rebaño, una vid, cada uno de nosotros tiene un nombre propio que Jesús conoce letra por letra y cuando se dirige a nosotros lo hace de modo particular.

Las masas suelen ser emotivas y manipulables, por lo tanto, cambiantes. La misma masa que proclamó a Jesús como el “Bendito de Dios, el hijo de David”, aquel día de entrada triunfante a Jerusalén, fue la misma que gritó “crucifixión” pocos días después cuando le estaban juzgando. ¿Cómo podían pasar de un estado a otro en tan poco tiempo? No por simple decepción por la persona sino por la facilidad con que se pueden tomar posturas cuando la masa grita y se agita. Las masas suelen convertirse en turbas y las turbas arrastran a quien no sabe desde su corazón qué es lo que quiere.

La fe es eclesial pero necesita adhesión personal. No se puede vivir de la fe de la abuela ni de los padres es necesaria la confesión personal y la aceptación de la persona de Jesús de modo libre y consciente. La fe exige la respuesta y el sí de cada uno de cara a Dios. La fe de masas vive de supuestos y es ahí donde se tiende a incluir en un grupo a quienes parecen pero no lo son en verdad; de hecho, Judas el Iscariote, parecía ser de los de Jesús, pero al final mostró que su corazón no estaba con él.


La gracia recibida en el Bautismo necesita ser renovada permanentemente por medio de los demás sacramentos, especialmente la Reconciliación y la Eucaristía y dar el salto de la razón que acepta a la voluntad que ejecuta.

De esta manera la Iglesia dejará de ser una masa ingente para convertirse en una comunidad conformada por personas identificables que han vivido la experiencia de intimidad con Jesús y no lo ven como un simple legislador sino como alguien que es capaz de generar un nuevo modo de ser, de actuar, de vivir. La fe no sólo exige una identidad sino también una conducta y no se puede sólo parecer sino también ser.


La fe de la Iglesia es la fe de Pedro que confesó a Jesús como el Mesías, el Hijo del Dios vivo, pero dicha confesión le llevó a entregar su vida por él. Esa es la fe que convence, que inquieta y arrastra a los demás. El odio que muchos nos profesan está originado en el hecho de vernos sólo como emisarios de prohibiciones y castradores de los anhelos humanos. Jesús es una experiencia de vida, es una noticia. Jesús es la noticia.


Juan Ávila Estrada. Pbro.